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Amor con mayúsculas
Si hay algo que caracteriza el metraje es que traza una historia realmente emotiva en la que se refleja muy claramente cómo las fronteras en el tema del amor no existen. Está claro que está impregnada de los estadios por lo que transita el alma humana, el purgatorio, el cielo y el infierno, e incluso podría tener relación con La divina Comedia de Dante, pero todo eso es ir más allá y además es secundario.
Lo que recuerda el espectador cuando se habla de Ghost no es todo eso, sino que tiene en mente el sinfín de emociones de escenas que llegan a lo más hondo, como el acto final cuando, después que ha conseguido salvar la vida de su amada y con la luz del paraíso a su espalda, Sam (Patrick Swazye) se despide de Molly (Demi Moore) y le dice entre lágrimas, “Molly, no sabes cuanto amor me llevo”
De profesión, alfarero
Pero, no sólo de amor vive la película también tiene un marcado sentido cómico, que encarna como nadie la medium a la que da vida Whoopi Gooldberg. Tiene que hacer frente a situaciones extrañas como la primera vez que contacta Sam con ella.
Y, por supuesto, tiene sensualidad. La escena en la que comienzan a moldear arcilla, y al final acaban moldeándose ellos, está cargada de erotismo y desde luego a muchos hombres y mujeres les despertó la curiosidad por la labor artesanal. Cuánto juego da una mesa de alfarero ¿Verdad?
En definitiva, Ghost es un hito de cine romántico que sigue vivo por la combinación de varios elementos, un banda sonora que aún se recuerda (la canción principal fue compuesta por William Stirrat), sensualidad y sobre todo: amor, mucho amor.