
Lolita: un amor prohibido
Lolita: ¿Novela de amor o novela de perversión?
Si bien a primera vista la historia de Lolita no puede considerarse sin más una historia de amor, debido a la trama acerca de la relación entre un hombre y una niña, la narración en primera persona por parte del profesor, confesando un crimen ante un jurado que de antemano lo ha condenado, nos transmite el profundo sentimiento del protagonista. Humbert mismo se sabe perdido, ya que no puede combatir la pasión que lo azota desde el momento en que puso los ojos en la jovencita, al punto de que contrae matrimonio con la madre viuda de ésta para permanecer junto a la niña. Por lo tanto, el componente del incesto se añade a la ya controvertida relación.
A su vez, el personaje de Lolita creado por Nabokov dista de ser una niña inocente, sino que ella misma, con sus actitudes provocativas, arrastra a Humbert al infierno, un infierno del que luego no desea salir. Cabe preguntarse cuántas de estas características de Lolita no son creadas a su vez por la visión enfermiza de Humbert, en un magistral juego narrativo del autor.
Lolita: una novela que hizo historia
La novela fue criticada puesto que ofrecía el punto de vista de un pedófilo, pero de ninguna manera Nabokov hace apología de este terrible crimen, ya que muestra las trágicas consecuencias del mismo. Por otro lado, Nabokov no se limita a escribir literatura erótica: Lolita es también un retrato de los Estados Unidos de los años 50, de la superficial cultura del plástico, de los ídolos efímeros de Hollywood y la vida superficial que se conforma con consumir objetos innecesarios.
La novela –hoy considerada un clásico- marcó el lenguaje al punto de que “una lolita” es hoy en día una niña sexualmente precoz, o cuya imagen se ha sensualizado (por ejemplo, una modelo de pocos años). Y la prosa magistral de Nabokov definitivamente ubica a Lolita como una de las más grandes novelas de amor: “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-Li-Ta”.