por Mariana / 15 de December de 2009

Madame Bovary, amor prohibido

Madame Bovary, amor prohibido


Cuando se trata de recomendar los mejores libros de amor, es imposible pasar por alto Madame Bovary, de Gustave Flaubert, que está considerada, no solamente una de las mejores novelas de amor, sino una de las grandes obras de la literatura universal de todos los tiempos. Publicada en 1857, la novela causó bastante escándalo en la sociedad de su época debido a su temática, y el autor fue llevado a juicio.
Madame Bovary forma parte del género realista, si bien tiene algunos componentes propios del romanticismo tardío. Los críticos literarios consideran que ésta es una de las novelas con las que se inició la narrativa moderna. En efecto, si bien conserva la extensión y la densidad propia de las novelas decimonónicas, se la sigue leyendo hasta el día de hoy gracias a la sorprendente actualidad de los conflictos que plantea.

Matrimonio infeliz, insatisfacción conyugal, infidelidad

La historia de Madame Bovary comienza con el matrimonio entre Emma, la protagonista, con Charles Bovary, un pequeño-burgués rural que ha enviudado y que desposa a Emma a instancias del padre de ésta. La joven había crecido leyendo novelas románticas y soñando con que el matrimonio le depare una vida de lujos y pasión. Sin embargo, la vida junto a Charles se le torna tediosa y ella enferma, producto de la insatisfacción. Charles la quiere y la trata muy bien, pero es incapaz de ofrecerle la pasión que Emma buscaba. Por lo tanto, termina cayendo en brazos de dos amantes: primero, de Rodolphe y después, de León. También le miente a su marido ocultándole las deudas en las que se haya sumida. Y las cosas terminarán muy mal para Madame Bovary.

Madame Bovary y el bovarismo

Tal ha sido la importancia de esta novela que, en función del personaje de Emma y su problemática, la psicología ha acuñado el término bovarismo para remitir al estado de insatisfacción crónica de una persona, producto del contraste entre sus ilusiones (muchas veces desproporcionadas con respecto a sus posibilidades) y la realidad, que termina por frustrar las mismas. El primero en utilizar este término fue el filósofo Jules de Gaultier, aludiendo a la figura de Emma, que se ha convertido en el ejemplo más conocido de infelicidad conyugal. En los tiempos que corren hoy, sería de esperarse que no haya tantas Emmas como las hubo en la época de Flaubert. Cuántas mujeres, sin embargo, siguen atrapadas en un matrimonio infeliz, ya sea por guardar las apariencias o por miedo a quedarse solas.

 


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