Es maravilloso, sin duda, compartir una cena a la luz de las velas, escuchar violines sonando de fondo mientras paseamos por las orillas de un lago de la mano.
O quién no quiere viajar hasta un paisaje increíble y escuchar que el amor de tu vida te diga una vez más lo mucho que te ama.
Ahora, eso sí, estamos todos de acuerdo en que ese tipo de momentos solamente suceden de tanto en tanto.
Sin embargo, la vida diaria, con su rutina y todo, está llena de dulces momentos que también pueden ser muy románticos.
No necesariamente, claro, a menos que nos dejemos vencer por la inercia y dejemos de valorar las pequeñas cosas. Hay personas que, con el transcurso del tiempo, empiezan a sentir cada vez menos el romanticismo en la pareja. Sin embargo, aún en una semana de rutina podemos compartir instantes que nos hagan sentir unidos al otro.
Un desayuno juntos a la mañana, por ejemplo, puede ser el momento de poner mala cara ante el duro día de trabajo que nos espera… o bien comenzar con una sonrisa, un “buenos días, mi amor” y un intercambio de relatos de sueños, café de por medio. La noche también puede ser un momento ideal para compartir, para conversar sobre el día que vivieron o, si alguno llega de mal humor, poner una música suave y relajarse con una copa de vino y unos masajes. Encontrar amor en la rutina diaria no es imposible: sólo hace falta voluntad.
Son pequeños gestos los que hacen a las grandes sorpresas. Como regalar flores porque sí: no en el aniversario, no en el cumpleaños, no después de una pelea, sino simplemente porque te apetecía hacerlo. Pasar a buscar a tu pareja por su trabajo también puede ser un pequeño gesto de amor que lo haga sentirse querido.
Y si es dentro de las sábanas cuando más está necesitando sorpresas tu relación, ¿por qué no prueban salir del dormitorio, aún una noche de semana? Darse un baño relajante juntos, o pasear por la casa sin tener puesto nada más que una… sonrisa cómplice. Estas pequeñas cosas son las que reavivan el fuego de la pasión que, después de un tiempo, tiende a hacerse rutinaria y a decaer. El amor puede ser más fuerte que la costumbre, y podemos darle una mano para que esto así suceda.