Hay veces que la primera cita es soñada, en la cual todo salió tal como era de esperarse, o mejor aún… cuando la química inmediata que ambos sienten al contemplar al otro no hace más que incrementarse con cada segundo de una conversación fascinante y un despliegue de simpatía y sentido del humor. Hoy no vamos a referirnos a esos casos.
Lamentablemente, en otras oportunidades la primera cita no se parece nada a lo que nos habíamos imaginado, no importa con cuánto tiempo de anticipación hayamos estado esperando este momento. La otra persona no nos termina de gustar, su conversación nos aburre, la película que eligió ver nos resulta pésima y para colmo de males, no podemos dejar de notar que una hojita de perejil quedó pegada a sus dientes hasta un buen rato después de la cena.
Sin embargo, no hay que tirar a la basura tan rápido su número de móvil. Hay veces donde vale la pena darle (y darse) una segunda oportunidad. ¿En qué casos?
Motivos para que una primera cita salga mal
Son muchos los factores que pueden afectar una primera cita al punto de arruinarla. Principalmente, es probable que, si hemos puesto demasiadas expectativas en esta cita, nada parezca salir tan bien como para satisfacernos. Si imaginábamos que el otro iba a lucir como una estrella de cine, que íbamos a caminar de la mano bajo un cielo estrellado y a besarnos dulcemente a la luz de la luna y resulta que a ella justo le salió una espinilla en la nariz o que él viene con una camisa horrible, que comienza a llover y que ambos llegamos al final de la cita de mal humor y con los pies mojados, es lógico que sintamos que ya no queremos ver a esa persona.
Por qué darle una segunda oportunidad
Piensa, en primer lugar, por qué aceptaste salir con esta persona. ¿Te había parecido sumamente simpático por teléfono? ¿Te enamoró su fotografía? Tal vez el motivo no sirva para verse una segunda vez, pero tal vez sí si piensas en alguna cosa positiva que hayas sacado de esta cita. De acuerdo, él tal vez no se parece a Brad Pitt visto de cerca, pero sí fue todo un caballero. O tal vez la conversación de ella no fue la más entretenida del mundo, pero, ¿cómo estuviste tú? ¿Es posible que los nervios le hayan jugado una mala pasada? Siempre y cuando la otra persona haya sido respetuosa con nosotros y sintamos que, tal vez, no hemos conocido de él o de ella todo lo que tiene para ofrecernos, vale la pena darle una segunda oportunidad.
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