por Mariana / 7 de December de 2009

Todos quieren que encuentre pareja (¡menos yo!)

Todos quieren que encuentre pareja (¡menos yo!)

Suele ocurrir cuando nos vamos acercando a los treinta. La familia -especialmente nuestra madre o nuestras abuelas-, nuestros amigos (muchos de ellos ya comenzando a transitar el camino del matrimonio y la familia propia), nuestros colegas en el trabajo, a veces hasta nuestros vecinos o los desconocidos, parecen sentirse incómodos ante nuestra soltería y siempre parecen conocer a alguien que, oh casualidad, es “ideal” para nosotros.
¿Por qué será que todo el mundo se muere por encontrar una pareja cuando nosotros, los principales implicados en el asunto, estamos más que cómodos con nuestra situación? He aquí algunas claves para disfrutar de tu soltería sin darle importancia al “qué dirán”.

Solteros sin apuro

Cada vez más personas se toman con calma la decisión de sentar cabeza (léase: conseguir una pareja estable, convivir, casarse, tener hijos o alguna de las múltiples combinaciones). Hoy en día, también para las mujeres, el matrimonio dejó de ser la única posibilidad de tener un futuro. Las personas están más volcadas a la carrera profesional, se dan más gustos y también consumen más. Lo que por algunos sectores más tradicionales es visto como el auge del individualismo y una actitud egoísta, por otros es considerado una postura saludable ante la vida. En efecto, la familia propia, cuando llega, no es una imposición sino una decisión personal tomada tras mucho tiempo de meditación.
Sin embargo, cabe esperar que tus tías mayores, tus abuelos o tus padres, incluso los amigos que han seguido el camino más convencional de casarse jóvenes y de tener hijos, no compartan esta postura tuya ante la vida. Debes tenerles paciencia y explicarles que pueden no compartir tu decisión, pero que sí deben respetarla.

¿Qué hacer cuando quieren armarme una cita?

Claro que no irás a explicarles tu postura ante la vida a los vecinos, los colegas u otras personas que no pertenecen a tu entorno de confianza. Para estos casos, existen algunas salidas. Cuando te preguntes si sigues soltero, puedes decir algo enigmático, como “ni sí ni no”, dejando entrever que no quieres dar más detalles. Al menos te ahorrarás que tu vecina saque una vez más la fotografía de su sobrina que siempre guarda en la billetera para preguntarte si no te gustaría tener su número. Y a tus amigos, ante la perspectiva de que te arme una cita a ciegas, pregúntales por qué quieren que conozcas a esa persona. Si su respuesta es que tienen mucho en común (el gusto por el jazz, los viajes de aventura y ambos viven con gatos), tal vez podrías concederles el beneficio de la duda y aceptar una cita. Después de todo, no pierdes nada por ir a tomar un café.

 


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