por Mariana / 30 de November de 2009

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El siglo XX ha dado a la humanidad grandes nombres en cuanto a literatura se refiere, y uno de los más importantes es, sin lugar a dudas, el del escritor francés Marcel Proust (1871-1922), autor de la monumental serie En busca del Tiempo Perdido: se trata de siete novelas con un hilo argumental pero que, sin embargo, bien pueden leerse de forma independiente. Los libros se publicaron entre 1913 y 1927, y causaron sensación.
El primer tomo, Por el camino de Swann, contiene una muy famosa escena literaria en la cual el narrador rememora su niñez a partir de llevarse a la boca una magdalena impregnada en té. Los recuerdos comienzan a fluir naturalmente de la taza de té y el pasado se hace presente en la narración.
Este primer tomo, además de contener ya los principales núcleos temáticos y formales fundamentales para la obra proustiana, incluye una peculiar novela de amor que muchas editoriales publicaron de forma independiente, si bien es un capítulo integrante de la obra: Un amor de Swann.

Swann y Odette, un amor desparejo

El personaje de Swann es uno de los más destacados en toda la obra de Proust. Se trata de un médico amigo de los padres del narrador, a quien éste ha visto más de una vez en visitas familiares, y de quien se entera de su más grande historia de amor. Swann se mueve en el ambiente de los ricos de París, la aristocracia venida a menos y los nuevos ricos cuyo mundo está hecho de hipocresías y apariencias. En casa de los Verdurin, un matrimonio en el cual Proust caricaturiza a los advenedizos, Swann conoce a Odette de Crécy, una cocotte (prostituta de lujo), de la cual en un primer momento no se enamora, ya que siente que no es su tipo de mujer.
Sin embargo Swann, muy sensible al arte, comienza por relacionar a Odette con un retrato femenino que termina por cautivarlo. De esta manera, el amor por Odette proviene del sentimiento experimentado al contemplar la obra.

Amor, celos y desamor en la obra de Proust

Lo trágico del amor de Swann es que comienza a sufrir el tormento de los celos –en toda la obra proustiana, indisolubles de la experiencia amorosa-, que finalmente lo llevan al desamor. Ella no le oculta sus relaciones con otros hombres, e incluso con alguna mujer. Este detalle resulta fundamental: la homosexualidad de Proust era inconfesable en sus tiempos, pero está latente a lo largo de toda su obra, en la que se analizan relaciones entre hombres y entre mujeres.

 


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